De vuelta en Europa, es tiempo de Navidad, por lo que no es del todo volver a la normalidad. Aún no.
Por una parte es Navidad. Luces en las calles, música alegre y vacía. Así que, incluso si Palestina no hubiese sucedido, esta sería aún esa época del año en la que se rompe la rutina para que todo sea familiar y especial. Por otra parte, estoy deseando contar a tanta gente como sea posible lo que he visto y oído en Palestina. Parte de mi familia escucha, y luego hay comentarios como “Y de todo el mundo para ir de vacaciones, tenías que ir a una zona de guerra?” “Sí que quieren la independencia, como aquí” “Vale, probablemente no vemos tantos tanques por la calle como ven allí”. Además, todos ellos tienen sus propias historias que contar.

Voy a dar charlas en dos pueblos cerca, y en el mío, y en dos ciudades distantes. Mi historia es contada en dos estaciones de radio. En una, a donde no puedo ir, simplemente leen toda una entrada de mi blog. Así sin más. A la otra voy con mis padres. Ellos ven una estación de radio por dentro, y consiguen escuchar mi experiencia durante una hora. Sin comentarios de otros familiares. Yo tuve ocho semanas de shocks en pequeñas dosis, ahora ellos cibido un resumen en dos horas todo a la vez. Volvemos a casa en silencio. De vuelta a la vorágine de los preparativos de Navidad.